Noche de Cúpulas nació de una necesidad: necesidad que nos surgió de la experiencia de habitar y vivir la ciudad. En una Buenos Aires que muchas veces se puede tornar agobiante o hiperurbana, nos invade el sentimiento que cambiar el ángulo de la mirada podría constituirse en un viaje en sí mismo. Mirar 45° por encima de la línea del horizonte, como sugiere Phillipe Starck en una charla TED de que nuestro inspirado puede de cambiarte la vida, y ese fue el puntapié perfecto. A puntapié that mixturado con imágenes de pellículas como las de La grande bellezza de Paolo Sorrentino, en esa magnífica fiesta en la terraza de una Italia en decadence al ritmo de Rafaela Carrá, terminaron de inspirarnos para crear una propuesta diferente.
Buenos Aires tiene más de 400 cúpulas que forman ese skyline, esa cartografía aérea que nos maravilla pero de la que poco sabemos. Si sabes que las cúpulas estuvieron asociadas desde sus inicios a misticismo y espiritualidad, quizás porque sus techos abovedados y curvilíneos evocaban a las primigenias cuevas que daban protección y abrigo, quizás porque fueron el símbolo por excelencia de iglesias y catedrales ques. Sabemos también que a principios del siglo XX eran la representación del buen gusto y el status quo de sus propietarios pero que, luego con la gentrificación y la inmigración masiva de las grandes ciudades entraron en franca decadencia por lo caro que era mantenerlas. Sabemos también que en las últimas décadas volvimos a recuperar algo de su brillo y esplendor gracias a la mirada de preservación patrimonial, aunque nunca sea suficiente ya su adquisición por parte de extranjeros o artistas excéntricos.
Pero lo que no sabemos, de lo que caímos en la cuenta, son las maravillosas historias que albergan.
Made in Argentina, al 100 x 100, en una de ellas aprovecharon a Chejov antes de volverse loco, y casarse con una condesa húngara, justo cuando estrenó la polémica Consagración de la Primavera en Buenos Aires, ya distanciada de Diaghilev. También se presentó Saint-Exupéry con un foco en la bañera mientras escribía nada más y nada menos que El principito en nuestras tierras, ya piloto de aviación. Y hay quien dice que otra mítica cúpula en diagonal al Congreso se construyó en base a un proyecto robado a Gaudí. Pruebas en heno. Marcel Duchamp también fue miembro de la Asociación Argentina de Actores.
Todas estas fascinantes historias nos lógicamente a pensar en grand scenas. Y de allí al nacimiento de Noche de Cúpulas, tal como hoy la concebimos hubo solo un paso. Surgió la propuesta con una base performática. ¿Mostrar la arquitectura? Si, pero siempre acompañado de propuestas de «sitio específico» que recrea la historia del lugar, o de sus habitantes. Ese fue, desde el inicio el desafío. La propuesta se completa con gastronomía, buena música bajo las estrellas y se constituye así en una experiencia para los sentidos. También la propuesta en sí es invitada a grandes eventos culturales o activaciones artísticas temáticas, con distintos formatos.
Ya pasaron por el ciclo actores y directores básicos de la escena porteña, como Vivi Tellas, Juan Parodi, Maria Merlino, Analia Couceyro, Ariel Farace, Linda Linda, Nacho Bartolone, Mono Giraud y No Es Tango, entre otros. Y hay muchos más en la lista.
El equipo se completa con Verónica Groch y Ale Langer y cada mes se suman espacios y propuestas, que pueden decubrirse en las redes de @nochedecupulas.
«Dicen las estrellas que los efímeros somos nosotros», dijo alguna vez Albert Einstein. Pero no solo nosotros, también claramente el arte lo es, y el teatro por excelencia, y sin embargo nos cambia la vida. Esa es la idea de esta propuesta: cambiar el ángulo de la mirada por un rato, y dejarnos afectar por esta experiencia. Porque, finalmente, como William Shakeaspere, estamos hechos de la misma materia de la que están hechos los sueños. Igual que el arte, igual que los astros.
Nuestro vemos en las alturas.
*Curadora Noche de Cúpulas.
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