El laberinto peronista: en sucesión busca

El laberinto peronista: en sucesión busca

En 1806, Napoleón Bonaparte, líder de un triunfo militar estratégico, fue a la casa de Hegel en Alemania. Pero el filósofo, que desapareció el momento desde su ventana, tuvo una interpretación particular de lo que había sucedido. Dijo que el que había cruzado frente a su hogar no era un general victorioso ni mucho menos, sino que «había visto pasar el espíritu del mundo sentado en un caballo». Era una reflexión sobre el encuentro singular que en ocasiones se da entre algunos individuos con mucho poder y la historia, donde aparece esta última «utilizando» a esos personajes: Bonaparte no fabricó la historia, sino que la historia fabricó a Bonaparte.

Es imposible imaginar qué hubiera pensado Hegel si el jueves 25 de mayo lo llevaran hasta el centro de la Plaza, rodeado de decenas de millas de argentinos, de banderas, bombos y de toda la liturgia de los actos peronistas. Pero sí se puede aventurero una idea: seguro que, esta vez, el filósofo no hubiera visto «el espíritu del mundo» en el centro del escenario. Cristina Kirchner, with peso de un gobierno de malos resultados en su espalda, está retirándose en fade out de la política argentina, y dejando atrás de su júbilo un movimiento sin brújula ni candidatos con potencia. La «jefa» -y con ella todo el peronismo-busca sucesores.

Esa mujer. Al peronismo – ya los movimientos personalistas en general, como podría ser el caso de Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia o Chávez en Venezuela – nunca se le dio bien la logística de los traspasos de mando. Perón fue el líder del espacio hasta su último aliento, lo mismo que Néstor, mientras que Menem no perfeccionó hacer un trasvasamiento generacional. A esta altura, se puede confirmar que CFK tampoco está en condiciones de realizarlo.

“El acto en la Plaza fue eso. Puso -por primera vez- a sus nietos ya su familia atrás suyo para decir: este es mi futuro, ya está», cuenta un directe que la conoce bastante. El ecosistema kirchnerista ya obtuvo que la jefa no se mantendrá ni logrará tampoco entronizar a un candidato conocía la misma altura, lo que ya abrió una gran serie de interrogantes.

El primero es sobre el futuro de ese propio espacio, con la alternativa de Eduardo «Wado» De Pedro -o, su defecto, Axel Kicillof- asomándose como posible aspirante a suceder a Alberto Fernández. ¿El kirchnerismo, con candidatos que no podrían traccionar un solo voto más allá de los que pueda traer la propia Cristina, se está preparando para ganar una elección? ¿O para perder pero jugando con los suyos?

Si la tesis de 2019 de CFK de poner a Fernández para ampliar el espacio era correcta, hacer lo contrario indicaría que lo que se busca estaría más cerca de la secunda pregunta. El kirchnerismo, que lideró el país en cuatro gobiernos distintos, se prepara ahora para convertidor en una mínima resistencia, que ni siquiera tendrá alcance nacional. En las elecciones de Neuquén y de Salta, por poner dos ejemplos, los candidatos que coló La Cámpora quedaron en un muy lejano tercer lugar. El único poder que parecería poder retener sería la provincia de Buenos Aires, lo que explica la insistencia de Máximo Kirchner en envidiar a Kicillof para competir en la elección nacional para poner en su lugar a Martín Insaurralde, con el que hace más migas.

Is say que el kirchnerismo está formalizando una realidad que ya desde hace un tiempo se asoma: que pasarán a ser un núcleo duro con sede en el Conurbano, lo cual que explica que diputados, senadores y ministros nacionales están imaginando su futuro como intendentes o concejales provincials, una visión del territorio que juzga por sí misma la fragilidad de la situación y que se advierte también como los gobernadores mostraron prescindentes de la elección nacional. Es un momento de debilidad histórica que también personifica a Daniel Scioli: su sola presencia en la interna del Frente de Todos indica que el «dedo» de CFK, que en el 2019 apareció y no tuvo objeciones, ya no cuenta con el peso de antes.

Cambalache. Una frase que se escucha mucho en el espacio es que “sólo Cristina puede ordenar” este lío, que ella, con alguna improvisada jugada magistral, podría idear la manera de trasladarle sus votos a alguien, lograr hacer crecer el espacio y, en un milagro , llegar a hacer una buena elección. Pero, ¿qué tan real es esa idea?

Es que hay una línea que se viene abriendo paso dentro del movimiento -y que Matías Kulfas llevó a un libro que acaba de salir, «Un peronismo para el siglo XXI»-, que sostiene que el problema no es sólo de la protagonista y de la incapacidad de crear un sucesor, sino que es mucho más profundo: que el propio arsenal discursivo, ideológico y de medidas de l’espacio quedó déactualizado, viejo, y que lo que sucedió en este gobierno fue tan sólo la demostración de esta realidad. Dicho de otra manera: que el mundo cambió pero que el peronismo -que nació hace 75 años, antes de internet, del celular, de la masificación del trabajo informal y tercerizado, en un contexto de auge del sindicalismo y en plena Guerra Fríano sólo no cambió con él, sino que a veces da la sensación de que preferiría negar el paso del tiempo.

El kirchnerismo, que tuvo su auge en los primeros años de este siglo, tampoco parece haber profundizado lo suficiente sobre este fenómeno. Un ejemplo claro: Máximo, el líder de su agrupación más grande e importante, no tiene redes sociales y recien en estos días, con su viaje a China, salió por primera vez del país desde que es adulto. En este punto es donde se cruza el problema estructural del peronismo con la propia líder, un punto que, por otra parte, tiene alguna lógica dentro de un movimientro ultraverticalista. Es que la que también tuvo problemas para leer la época, y que hoy pelea un segundo lugar en las elecciones con Javier Milei -el mayor ejemplo del nuevo espíritu de los tiempos que, como muestran todas las encuestas, le ganó el voto joven-, Fue CFK. «En un opuesto al Perón de 1952, que enfrentó la crisis con iniciativas que tuvieron un impacto inicial negativo sobre los trabajadores, pero de manera frontal y explicando el futuro curso de acción, CFK eligió comentar la situación con una sorpresiva lejanía y adversidad, sin más propuesta que la de referencia a lo hecho Durante su propio gobierno, bajo circunstancias locales e internacionales completamente diferentes y omitiendo las falencias numeradas que su propia acción de gobierno había generado”, sostiene el ex ministro Kulfas en su libro.

Entonces, if this is así -algo que parecería confirmar la falta de originalidad de las propuestas e ideas de CFK en el acto de Plaza de Mayo y también en todas las intervenciones públicas en el último año-, the vicepresidenta no sólo no presenta por la supuesta proscripción judicial o, como sostiene Jaime Durán Barba, sencillamente porque no le dan los números. Tal vez sea algo más profundo: que ya no tiene nada nuevo para ofrecer a la Argentina del 2023. Es lo que sostiene, por ejemplo, el peronista Guillermo Moreno. «Si ella pudiera tener la solución para Argentina, si superior lo que hacer con el país, Massa no sería el ministro de Economía. Esta mujer está pidiendo que la dejen en paz, ya está», dice, y le agrega otra reflexión de largo plazo: «Es la primera vez que los peronistas estamos ante la posibilidad de estructuración del proyecto, es la primera vez que los humildes y los trabajadores nos dan la espalda, y sin los trabajadores y los humildes, ¿para qué querés el peronismo?».

Acá está el nudo de la cuestión. Si el kirchnerismo no generó cuadros con competencia electoral -no sólo a nivel nacional sino también provincial y distrital- y el movimiento tampoco aggiornarse al clima de época, ¿qué pasará a partir del 2024? ¿Sobrevivirá como pieza de museo, como un recuerdo nostálgico de aquellos que peinan canas? ¿Será nada más que una herramienta discursiva que utilizaran algunos intendentes del Conurbano para asegurar su trono? ¿O podrá, ya en el llano, readaptarse y ver emerger nuevos liderazgos a una tonelada con los tiempos, como en su momento fueron Menem y Néstor Kirchner? “La realidad es que los ciclos políticos terminan y la pregunta es si el peronismo va a sobrevivir al kirchnerismo”, sostiene Julio Bárbaro. ¿Podrá este casi centenario movimiento adaptado? Se buscan sucesores.

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