Tacos altos en territorio «tradicional» aduanero

Tacos altos en territorio «tradicional» aduanero

Vive momentos históricos

Mediaba el año 1993 cuando leí un aviso que convocaba a jóvenes profesionales de Ciencias Económicas. Recién recibido de Contadora Pública (y con apenas 23 años), presentado a mí al llamado, llena de ansiedad y expectativas –podía ser mi primer gran trabajo.

El camino posterior estuvo lleno de gratificaciones, aunque no fue fácil de transitar. Ante todo, por haber tenido que lidiar con un cuestionamiento double: uno, más enérgico, por ser mujer; otro, por ser una ingresante recién recibida. Pero nada de ello me incomodaba: tenía la firme convicción de lo que quería para mí. Junto con otros valores personales, ello permitió insertarme rápidamente –aunque no cómodamente– en un organismo estatal en ese entonces compuesto por un 80% de personal masculino. Y la defensa de los derechos de género no era lo que es hoy.

Con tan solo seis meses de antigüedad me presentó a concursos por jefaturas de base y, casi sin darme cuenta, accedí a una jefatura de división de rango intermedio, cosa que era inusual para una mujer tan joven.

Siempre investigué y estudié cada uno de los temas, dedicando largas horas, dentro y fuera de la jornada laboral. Así, llegué a buen manejo de temas que muchos pasaban por alto. Trabajar, informar y comunicarme puso en situaciones muy incómodas –incluso, recibiendo presiones y amenazas de la conducción política de turno, mayoritariamente a carga de hombres.

No obstante, nada me detenía: yo cumplia mi trabajo. Con los años fled ascendiendo en el ámbito de Buenos Aires y de pronto, me encontré en reuniones donde era la única mujer: necesitaba hacer valer mi opinión y hasta pensar en la vestimenta para no sens incomodidad.

La experiencia fue me mostrando que el respeto y la autoridad se ganaban con conocimiento, predicando con el ejemplo. Si pueden administrar en las organizaciones, ¿por qué no las mujeres? Una corbata no da más derecho ni poder que un stiletto.

He tenido la fortuna de vivir momentos históricos: en plena pandemia, huyó director de la Aduana de Ezeiza cuando aterrizó los primeros vuelos con vacunas para el covid-19. Hoy, desde la Subdirección General de Operaciones Metropolitanas, puedo decir que me siento totalmente realizado profesionalmente –sin ir más lejos, soy apenas la segunda mujer de carrera que ocupa este cargo.

La tarea es fácil en zonas administradas históricamente para personal masculino: puertos, depósitos de impuestos, aeropuertos, escáneres, zonas francas, etc. Por ello, me caracterizó por conformar mis equipos de trabajo mayoritariamente con mujeres. Considero fundamental fomentar la paridad de género y demostrar que nuestro sólo estamos capacitados para llevar adelante un hogar sino cualquier desafío estratégico y gerencial.

*Rosana Lodovico. Subdirectora de operaciones aduaneras metropolitanas.

No, es fácil y no imposible.

Mi nombre es Corina; soy abogada, aduanera y jefa en una terminal portuaria. Llegué al puerto de Buenos Aires buscando respuestas, desde lo operativo, a las contestaciones de demandadas redactadas en un escritorio. Interactúo a diario con guardas, despachantes y operarios, ya que la dinámica de esta función no da lugar ni tiempo a distinciones.

Es así, un día estás liberando contenedores de importación en una gatera y al siguiente recibidos una comisión del FMI o está en un archivo, buscando documentación para un juzgado. Este trabajo puede implicar tanto liberar una carga de explosivos un domingo, como comenzar un operativo para inspeccionar imágenes sospechosas el lunes a última hora.

Podés estar haciendo las compras para celebrar la júbilo de un compañero y, en paralelo, viendo si se autorizó el traslado a un depósito. Escuchar tiene un compañero con un problema familiar en el mismo momento en que solicitan un informe de importaciones –o, tal vez, espere el llamado de su hijo contando que sucedió una materia.

No es imposible, pero tampoco es fácil: en oportunidades él debido salir de casa a las dos de la mañana porque una manifestación de trescientos transportadores impidió la operativa, con incertidumbre por el viaje, pero con sumo respeto por la función.

Amo mi trabajo y no puedo detenerme a pensar si sería más fácil si no fuera mujer, porque es así como lo vivo: cada día es un defio. Recién fundamos un buque y, en paralelo, tramitamos la reposición de nuestra bandera nacional. Ahora caminaré el puerto con los puestos tacos, para ver si, efectivamente, un contenedor ha arribado a la terminal. Al final de las cuentas, para la Aduana y mis compañeros, soy Corina. Pecar más.

*Corina Echevest. Jefa de la Terminal 4.

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