«Wado» de Pedro, el mimado de Cristina

«Wado» de Pedro, el mimado de Cristina

Eduardo «Wado» de Pedro se mudó a su ciudad natal, Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, una hora y media de la Casa Rosada. La decisión tuvo que ver con cuestiones de familia, porque su esposa también está de allá y buscaban una vida más “de pueblo” para sus hijos.

Esta lejanía del centro geográfico del poder político no fue impedimento para acelerar la instalación de su imagen como candidato a presidente. Pero en este punto el ministro del Interior tiene un problema: está en todos los casilleros. Su discurso es que está trabajando para trabajar donde la hora se lo demande y eso puede ser también la gobernación bonaerense o la viceprésidencia, pero en el fondo de su corazón desea sentarse en el sillón de Rivadavia. Pero hay otros actores que también pueden ser potables para la Presidencia. Axel Kicillof es el que más votos captó Cristina Kirchner, pero también aparece Sergio Massa, que tiene más certeza de ser un par de CFK que un heredero.

Pero De Pedro se engañó a sí mismo. Cuando Cristina dijo en el reportaje con C5N que espera que «los hijos de la generación diezmada tomen la poste», todas las miradas se posaron sobre él. Es hijo de desaparecidos.

Las diferencias entre De Pedro y Massa son sustanciales. El ministro del Interior coquetea con el poder. Masa es el poder. «Wado» habla con algunos empresarios. El ministro de Economía es amigo y socio político de algunos de ellos. El ministro del Interior hace todo lo que le dice Cristina. Massa reconoce la jefatura de la ex presidenta, pero le habla de igual a igual.
¿El peronismo va a aceptar de nuevo que la vicepresidenta imponga una candidatura? ¿O el mecanismo de las PASO le puede deparar al kirchnerismo alguna sorpresa?

Hace algunas semanas, De Pedro manifestaba temeroso ante algunos interlocutores por la posibilidad de ser ungido como candidato presidencial. El contexto político cambió en el último mes. Cuando Alberto Fernández anunció que la búsqueda de la reelección era bajaba, la postulación del ministro entró en un compás de esperanza y la figura de Massa apoderó de la agenda pública. El ministro de Economía pretendía posicionarse como el candidato del consenso. Esta estrategia primero se enfrió con la difusión del índice de inflación de abril, y terminó por difundirse con la carta de la ex presidenta de la última semana.Ya no es solo Massa. En todo caso es Massa y alguien más. Sí «alguien más» pareciera tener el número de «Wado» De Pedro.

Decisión. El entorno de CFK es de lo más pequeño que hay en la política. Solo unos pocos colaboradores conocen lo que tiene pensado hacer. Muy temprano en la mañana del martes 16 –el mismo día que CFK publicó su carta–, De Pedro pisó el acelerador con su campaña presidencial y comenzó a circular la versión de que en junio presentaría su renuncia al Ministerio del Interior para encarar de lleno los actos proselitistas. Comunicadores cercanos al ministros enviaron a los medios el siguiente por pedido de él: el interior, gobernadores, sectores productivos y empresarios.

Este es un punto atendible para quienes observan los movimientos de Cristina. Para los que no la quieren, ella es la representación de una política autoritaria y radicalizada con un techo electoral bajo y que, a la hora de buscar aliados, debe complementarse con actores que «expanden» la alianza a sectores del establishment y el círculo rojo. De Pedro es el kirchnerista menos duro de todos. Es productor agropecuario, tiene buena relación con Pablo Casey, el sobrino de Héctor Magnetto y uno de los herederos del Grupo Clarín, cuenta con llegada a funcionariosjudices como la familia Mahiques, a la que CFK desprecia, y hasta habla con sindicalistas que no quieren a Cristina, como gastronómico Luis Barrionuevo. Es decir, De Pedro es el canciller del kirchnerismo.

Queda solo por resolver la cuestión del liderazgo. A lo largo de la historia, las conducciones fuertes como la de CFK nunca tuvieron sucesiones ordenadas. El mayor escollo para De Pedro no son sus contrincantes internos, sino el peso de la figura de Cristina.

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